Alma Puta
Por CARLOS GUEVARA
Cuando te conocí en esa ciudad desconocida, de barrios con frecuentes casas rosadas, lucecitas chillonas de neón, azulejos descoloridos y mujeres paripé, fue gracias a una pasión añeja y a que un día descubrimos la latíamos igual. Creía seriamente por esos días que mi vida era como una novela larga y tediosa y toda la felicidad soñada consistía en esperar solemnemente el domingo, tomar dos buses, viajar dos horas y solo, entrar al estadio majestuoso y solo, avistar el monumento a la alegría, el más estúpido y tierno a la vez y muy solo, ver hombres, gentíos, saltar y haciendo temblar las graderías y yo muy lejos de ellos saltando solo, escuchar coros panfletarios y a la distancia repetirlos sudoroso y saltarín e inevitablemente solo. Me había convertido la verdad en un disidente de las masas y encontrarte a ti en iguales condiciones en otro rincón y sola, hizo reír a los astros, otra vez.
-Hola… disculpa que me acerque, es que te vi sola, ¿sigues al equipo también? ¿Te molesta si te acompaño?
- Para nada, un gusto, me llamo Fabiana, ¿también eres hincha?
- Hasta los huesos, para mí es cuestión de piel.
-Jajajá. Tienes razón, yo siempre vengo a ver el equipo, este año vamos a ser campeones, confío en mi instinto de mujer.
-Y yo confío en mí, cada que vengo el equipo gana o por lo menos nunca pierde.
-¿De veritas?. Pucha a pique estoy al lado de un santito. Jajajá.
-Para que me creas vas a tener que venir conmigo todos los domingos.
-Asumadre, que lanza que eres, espera que te lo pida yo por lo menos, jajajá.
-Entonces que dices, ¿quieres comprobarlo o no?
-¡¡¡Goooool, carajo!!!! , ¡¡¡Qué buena!!! ¿Viste la jugada?
-Si, claro. ¿Golazo, no? Ya vez empezamos ganando, y hoy será goleada.
-Eres un amor, porque mejor no eres dirigente del equipo, así llegamos a Tokio.
.No es lo mío, yo quiero ser escritor.
-¿De veritas? Manya qué chévere, ¿Y estás estudiando, entonces?
-Sí, estudio en San Marcos para abogado.
-¿Para abogado?, yaya, ¿pero los escritores no estudian Literatura?
-Lo de escritor es un decir, es lo único que me saca de la realidad, aparte de ver al equipo.
-Mmm, ¿pero has escrito algo al menos, no?
-Sí, he escrito novelas.
-Las novelas me parecen aburridas.
-¿Ah si?, ¿y entonces qué te gusta leer?
-Yo leo cuentos.
-Mira tú. Qué interesante.
***
-Lo que pasa es que a vos no te gusta que te digan la verdad, caradura. No me gusta que me pidas por atrás. Entendélo bien. N-O M-E G-U-S-T-A.
-No, lo que pasa es que eres una frígida, no disfrutas nada de la vida, no entiendes, ni puedes apreciar las posibilidades. Te la pasas jodiendo cada vez. Nunca fuiste una mujer de verdad. Piensa en ir al psiquiatra. Estás amargada.
-¿Amargada yo?. Pedazo de bestia impotente, cómo no estarlo.
-Impotente quizás, jajajá. Pero no estéril. Ya el médico te lo dijo: no puedes procrear.
-Quizás tenés la razón, pero al menos no soy una mendiga que vende sus poemas tristes en las universidades.
-Son poemas tristes, cierto. Eso dicen. Pero hablan sólo de ti, por eso son tristes. Mi vida contigo es una lágrima.
***
Y seguimos viéndonos así, casi toda las veces que el equipo jugó en la urbe poluta y caótica. Ese año no perdimos una sola vez de local. Nos hicimos enamorados sin que fuese necesario que lo pida. Me lo pediste tú, el día que escribí un cuento que según me confesaste te fascinó, se llamaba La princesa del cuento, te lo dediqué a ti, Para Fabiana, en honor a la luna, pero nunca te conté que allí hablaba de una escabrosa historieta, de un antiguo amor que, aún sospecho, me condenó a amar con amor desenfrenado a algo que bien pensado no existe ni existió y a vagar aún hoy los domingos de fútbol, en que vengo solo como antes a ver al equipo de mis amores. Y era lindo compartir contigo ese noser, domingo a domingo, primero. Casi todos los días, después. Te gustaba la calidez matemática con la que, rigurosamente, te entregaba un cuento cada quince días. Te juro que no era lo mismo esperar un beso tuyo cualquier día, que aquellas quincenas ominosas en que me amabas más que nunca, sólo con leer las dedicatorias Con amor de perro para ti, Fabiana, y me dejabas descubrir una nueva fórmula en la cama.
-¿Porqué escribías novelas antes de conocerme, mi amor?
-La verdad no había motivos, Fabi. No pude decirle la verdad. No hubiera sido bueno contarle la larga inspiración de un antiguo amor ni que muchas cuartillas las escribíamos juntos, pensando en postularla a un premio millonario, a uno que ofrecía una empresa transnacional a sus ganadores, con motivo de la promoción de la cultura y sus Juegos florales Anuales.
-Cuando te dije que las novelas me parecían aburridas, era verdad, siempre me pareció lo mismo. Pero apuesto a que te sale una obra de arte, inténtalo, chiquito.
-No. Con los cuentos va bien todo, amor.
-A decir verdad, Charly, siento que mi vida si algo es o podrá ser, es un cuento muy cortito y bonito. No creo vivir mucho, caramelito.
-A quiénes quieren vivir poco, a menudo Dios los castiga, pequeñita.
-Tengo mi instinto de mujer, Charly. Sólo eso.
-¿Y qué te dice tu instinto para este domingo, eh?
-Me dice que si no vas a clases, vamos a ver el clásico y ganaremos.
-Pierde cuidado, vamos a ir, estaremos allí, en oriente pero bien pegados a norte, no muy solos esta vez supongo, pero lejos de la batería.
-¿Y si vamos esta vez con la barra oriente, amorcito?
-Respeta mis cábalas, Fabi. Todos tenemos una. La tuya este año es ir conmigo donde juegue el equipo. Y yo no te digo que no.
Fue el único clásico que vimos juntos, Fabiana, preciosa. La suerte quiso así las cosas, pero lo ganamos y cómo y de qué manera, ¿recuerdas?, así como éramos nosotros, fiel a nuestro estilo, metiendo pundonor hasta el último minuto. La semana posterior, además del cuento te obsequié una entrada para ir a ver al equipo a Huaraz, así aprovecharíamos en conocer la ciudad, tú siempre habías querido conocer la suiza peruana, como le dicen, aunque el calentamiento global había menguado el pastoruri.
***
-Qué Dios te bendiga, Queridito. Pero mucho hace que te he dicho que me hacés sombra. Largáte ya, hinchapelotas, me tenés podrida. Miráte al espejo, sós un cadáver. Es que no pensaste en el suicidio, nunca, ¡que dilema la vida para vos, eh!.
-Tengo cosas por las que lucho, siempre, cosas que nunca podrías comprender, porque eres, como te dije, una amargada. Un día sabrás como los tipos como yo subsisten sin necesidad de cursilerías.
-Jajajá. ¿A que te referís, pobre diablo? Al equipito ese que seguís, ¿Cuánto hace que no campeona?
No había sido campeón desde lo de Fabiana. Por lo menos nueve, aunque con este podían ser diez años. Casi se lo digo pero sabía que la iba a odiar. Antes le recordaba a Fabiana las veces que se ponía histérica, pero siempre la terminaba puteando, maldiciendo a rabiar, una perra para un perro y a mi me dolía sobretodo eso, no tienes derecho a ofenderme así, le decía llorando como un cobarde, yo no soy ningún perro, le decía luego, intentado hacerme el damnificado Dios es testigo de mi humanidad. Eres tú la anormal.
-Fracasado. Es lo que sós. Fracasado, sós una nulidad de hombre, no existís. Sós mierda de perro.
***
Y la vida era ganar contigo al lado. Ganamos en Huaraz y la noche de ese día fuimos primero a libar ron artesanal con los fuertes de la barra, al bar “La Indómita” y luego a la disco “El Sol”. Le caías bien a todos, qué forma tan coqueta de ser la tuya, por un momento pensé que eras como todas las capitalinas que había conocido, y yo tan provinciano y primaveral, odiando la liberalidad y purgando una fuerte condena por un ilícito desconocido y directamente devenido de la vez que conocí el amor por primera vez en un lugar improbable del mundo. Pude observar a la distancia como hacías añicos con tu encanto a los gringos que te sacaban a bailar y que luego traías uno por uno a la ronda a llenar las cajas de cerveza de los vagos de la barra. Los gringos embelesados hacían trencitos, bailaban huaynos, huaylas y salsas sensuales, y raramente ninguno se sobrepasaba contigo, todos pugnaban por emborracharse gentilmente con la princesa inca tan dolosamente guapa, tan candorosamente traviesa.
***
Morena, tanto como el sol había querido lo seas cuando, me contaste tú, fuiste con trece abriles a Máncora, con tus papis, que ahora estaban en el extranjero y con tu hermana mayor, ya casada y viviendo decentemente en un cerro cercano con un abogado progresista. Cabello preciosamente ensortijado, crecido hasta más abajo de la cintura, negro azabache, y oloroso a perfume de rosas y cerezas, o quizás a duraznos y a la tierra recién asperjada de cañazo en las calles del pueblo en el que te conté que crecí. Sí, ¿recuerdas te contaba que siempre me pareció que ese olor invencible de las mañanas en mi pueblo, había enrevesado para toda la vida mi espíritu provinciano y simple?. (Perdón por la tristeza, Fabi). Ojazos negros, encerrados en la forma de dos lunas llenas pero del lado que nunca vemos desde el obituario terrestre. Labios gruesos acorazonados y discretamente rosados. El busto pequeño, pero cierto, el vientre sólido y las formas más notorias delicadamente epicúreas. Así eras tú y por eso también te quería más, pero te quería más, por ser como yo, sola y sin compromisos.
-Charly, sabes bien que te quiero, ¿verdad?
-Si me lo dices así, claro, amor. Pero yo no te quiero, te amo, mi amor.
-No juegues con las cosas que digo, pues Charly. Sabes que cuando te digo que te quiero, es porque te quiero y porque te amo.
-Si lo sé, linda. Pero yo te adoro.
-Qué pesado Charly. Ya mira para que no me digas nada, yo te adoquie.
-¿Quééé? ¿Qué es eso?
-Ay que bruto. Yo te adoquie. Porque te amo te adoro y te quiero, jajajá.
-Jajajá, Y encima tú hablas de no jugar con la palabras.
-Me moriré queriéndote. Mejor dicho, adoqueriéndote. Prométeme que me vas a querer siempre, ¿si?
-Te voy a amar mientras vivas, porque vas a vivir más que yo.
-Charly, no lo sé. Pero te pido que cuando me recuerdes nunca te pongas triste.
-A veces creo que te quieres matar.
-No. No es eso, es mi intuición de mujer, Charly. Sólo eso. ¿Me lo prometes?
-Si vas a terminar con esta joda, dalo por hecho.
-Te amo, Charly.
***
Desde que pasó el accidente de Fabiana, dejé súbitamente de escribir cuentos. Tampoco volví a las novelas, que me parecían largas y tediosas, aburridas por lo más, y si alguna consumía tenía que ser muy buena. Y prefería mejor que me las digan o comprarlas en las ofertas domingueras de los diarios, los dichosos cd’s con el audio completo de novelas clásicas.
Años después conocí a una argentina, en una gira en que acompañé al equipo a Rosario. Ella hinchaba por el contrario y cargaba sola y solitaria una bandera que le doblaba el peso, desde la Plaza Mayor de la ciudad hasta el estadio, muy ridícula siguiendo como su cola a una barra que arengaba a su equipo. La fascinación del amor fue casi eléctrica. Me la acerqué, pregunté su nombre y desplegué todas las artes de seducción jamás puestas en marcha hasta el bendito día aquel. No fuimos al partido, que por cierto el equipo lo perdió por goleada. Una semana después aceptó dejar su país, atraída además por la bola difundida que en el Perú los argentinos no regresaban sino millonarios, por lo menos famosos y reconocidos. Y ella bien dispuesta de las ínfulas de diva largamente heredada hasta el nombre, de los tiempos itálicos de su nonagenaria abuela Tirsa, que había sido bailarina de cabaret en Milano, estaba segura del cumplimiento de la proeza. Pobre de mí.
***
-¿Crees que soy un fracasado?, digo ¿en verdad lo crees?
-Un bueno para nada, un papanatas.
-¿Sabes cual es la parte que me gusta de esto, Tirsa?
-¿Qué cosa te puede agradar de tu estado, boludo?
-Que dejaste todo por vivir con un bueno para nada.
-Con que vivís tranquilo pensándolo, eh.
-Aunque no lo creas, no. Pero seguro tú te lo buscaste desde tus tiempos de perra en Argentina.
-Te prohíbo expresarte así de mí. Yo no me refiero mal de la ñusta peruana, la serrana esa que lo único bueno que tuvo en este mundo fue el nombre, que es lindo y no lo merecía.
-Qué baja eres.
-No seas pelotudo, ella no está en el mundo de los vivos.
-Te equivocas, Fabi vive siempre en mi corazón. Y te digo más: con ella escribía hermosos cuentos con finales felices, contigo sólo poemas tristes y desgarradores.
-Pero eso de debe a algo que está escrito en tu historia.
-¿A qué crees?
-A que tenés el alma puta.
ENCUENTRO CON RENAN TAL VEZ I ENCUENTRO DE AMIGOS ESCRIBEYA
-
Pues fue gratisima recibir la visita de RENAN ALVAREZ un amigo que conocí
aquí en ESCRIBEYA y que es de nacimiento de una Ciudad muy cerca a la mía.
Aunq...
Hace 17 años

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