lunes, 27 de abril de 2009

LA FIESTA

POR CARLOS GUEVARA

Buenas tardes, diciembre,
está usted galana y encumbrada
hoy sábado en que la muerte,
me encuentra esta segunda hora,
respirando el humo inhalado,
que me regala la nostalgia.
Buenas tardes, diciembre,
la encuentro sonriente
pero porque la gente gusta verle
depositaria del espíritu de pascua
espíritu que más tarde que temprano
recobrarán las maduras sombras.
Yo confieso, diciembre,
que me gustaste mas bien en enero
cuando veía alejar tus soberanos pies
me las mustias esquinas,
Yo confieso diciembre,
que aunque te ví la cara
me gustaste por bohemia y coloquial
Y porque en el sexo
de tu vigésimo quinto día
la tristeza inundó
el pozo vacío de mis afectos y supo querer
(Yo confieso, diciembre, Santiago Uzátegui)


A mi hermano Santiago Uzátegui, o como el solía llamarse: Nito Guevara,.
De quien bautizó como Charly Mestre.

LA FIESTA DEL MUNDO
 ¿Recuerdas a tu primer amor, Papo? –se me ocurrió preguntarle a mi mejor amigo, mientras fumábamos y bebíamos extasiados, tirados sobre la arena y entregados a voluntad del calor majestuoso del verano en el balneario de Huanchaco. Era desde luego un tema sugerido, pues me sabía de memoria esa historia, sin embargo la soledad con que nos abrasaba el silente y despiadado sol, me entregaba la reverberación de la anécdota más fascinante de mi vida.
 Sí, me acuerdo, por supuesto, me acuerdo –afirmó excitado mi buen amigo. El mentón cushingniano y horrible delataba una vida descuidada–. Fuimos algún día cuerpos de acero, corazones de algodón. Pasamos a ser del viento. Luego el corazón encalla en algún lugar propicio: donde intuye que el cansancio nos va a dejar.
 ¿Que pasó poeta, por qué la súbita inspiración?.
 No es la historia que quisieras oír.
 ¿Eso crees? —inquirí asombrado.
 Pero si quieres te la cuento. Total, todos tenemos una arruga con el pasado.
 Suéltala pues.
 Es difícil empezar, hermanón.
 Sólo empieza, di algo, la primera imagen que tienes en la cabeza.
 Ayúdame un poco.
 Esta bien. Dime:¿cuándo, dónde y cómo la conociste?.
 La he debido conocer en Diciembre, porque está claro que en Enero no fue —musitaba Papo ante mi insistencia—, Pero fue en La Caña.
Y donde más iba a ser, pues.
***
La Caña es un lugar donde los noctívagos de todos los tiempos aún esperan extasiados los días sábados a las doce para observar las lecciones amatorias del cine privé por el canal brasileño rede bandeirantes. Si ya no existe ese canal o no forma parte del menú de la setima feira, pues no importa. Cada uno ha grabado todas las sesiones con el mismo ahínco con que aprenden a botar discos de humo por la nariz cuando fuman, y aún más, con la idéntica devoción con que cargan en andas la imagen del señor de los milagros en las procesiones de octubre. Esa costumbre inédita deviene de los tiempos en que conocí a Gema de La Caña.
Apenas antes del tiempo de darse a conocer el cine privé- que es el mismo tiempo en que se descubrió en la comarca las bondades peligrosas de la televisión por cable- las familias cañeras encontraban el consuelo con risas y salsa y entre los más jóvenes sólo los lornas salían después de medianoche, pues las estancias de la bohemia a esa hora estaban ocupadas y sólo quedaba la calle a siniestras para beber un ron con los amigos.
Con mucha suerte después de la última hora te podías encontrar con un quinceaños, un matrimonio o un cumpleaños casero cualquiera y entonces sólo así podías darle rienda a tu bendito instinto autodestructivo. Pero no, se había extinguido esa época (pero juro que aunque se haya suprimido el programa del menú, se sigue respetando el horario) y la juventud cañera se despertaba a la farra pasada medianoche, y lo primero que se hacía el día de descanso en todas las calles era comentar la sesión espléndida del erotismo desplegado en los maravillosos actores que tan bien enseñaban a amar. Comprenderás que no fue la casualidad la reina de las estadísticas: hasta las más cándidas señoritas se preñaban a los quince. O antes.
Yo que siempre fui un idiotizado de las costumbres añejas, me vi afectado por el súbito cambio de horario, pero también es cierto que antes de los trece ya había descubierto todas las extravagancias de la desnudez, televisada o íntimamente. Así que los sábados, después de una espiritual ablución con accesorios Royal Regiment, la cena familiar y los sermones de siempre, Ay, Charlytos, hijito, todos los días borracho, cuando pararás, dios mío, iba a caminar solitariamente por las calles vacías aún, antes de la bienaventurada medianoche sabática. El camino, que entonces lucía abandonado y desesperado, me llevaba alcahuete a la plaza pública y aún en la noche y con ayuda de la niebla que se respiraba azucarada y el aire de melaza quieto, podías sentir el olor a cañazo en la comarca y entonces me ponía feliz, tarareando yo no quiero volverme tan loco o no soy un extraño, o leyendo a trasluz del color azul de ese pueblo los poemas de Vallejo o Neruda.
No se podía hacer nada en La Caña los sábados antes de medianoche, sólo sentarse en las viejas bancas de la Plaza y fumar un cigarrillo, viendo a la poca gente pasar. Y fumar y fumar, y leer y leer. Así conocí a Gema de La Caña.
Uno de esos sábados una mujer de ensueño parecida a un retrato Rembrandt, caminaba sola en dirección opuesta a mi camino. Lucía desamparada, angustiada, dos lágrimas le humeaban el rostro pálido y angélico, no está preparada, quién podría estarlo, quizá está trastocada por alguna historia maléfica de los cuentos eróticos del cine privé. Le quedé mirando, era la primera vez que auscultaba su belleza. Absorto, mudo de pánico le ofrecí ayuda, pero en el acto empezó a correr sin dirección.
***
Orgulloso de ser tuyo te llevaba de la mano, pues estabas orgullosa de ser mía. Demoramos tanto ese día que al regresar del matorral no caímos en cuenta que había estado lloviendo, era de esperarse, me dijiste, son los tiempos del fenómeno del niño, qué le vamos a hacer. Habíamos olvidado la fiesta por completo, se celebraba la nada en la Plaza Pública de La Caña y todos estaban embebidos por culpa de esa noche mágica. Mágica, como ninguna que se haya sabido, primero porque llovió hasta la medianoche siguiente y sin parar y hasta la noche siguiente y sin pausas los jóvenes bailamos y bebimos a mercedes de la tolerancia del pueblo, que se había empantanado, pues nadie quería correr el riesgo de ser tragado por la tierra al salir en búsqueda del hijo pródigo y luego porque esa fue la forma en que el destino recibió nuestro amor: con un diluvio festivo y con la epifanía de un mundo aparte. Embarrados y empapados de lluvia, literalmente encallamos en el suelo y en el acto Thiago, el gandul nos ofreció un trago por la buena nueva.
***
 ¿Y cómo fue Papo?, volví a preguntar.
 Nada del otro mundo, sólo recuerdo que fue un día sábado, antes del cine privé.
 Ajá, ¿y?.
 Qué jodido es esto, hermano.
 ¿Qué te jode Papo?
 Esta bien, te lo voy a decir poco a poco. Sabrás quién es al terminar, quizás no sea necesario que la nombre.
 Quizá sí, quizá no.
 Quizá sería mejor que me trague la tierra.
 Quizá debieras empezar diciéndome qué te jode y así sería más fácil.
 Quizá sí, quizá no.
 Pues prueba Papo, sólo fluye, no puede ser tan difícil, tu y yo lo sabemos todo el uno del otro, ¿qué nos puede sorprender?
 Bueno, seguimos con el método lento, entonces.
 Cómo quieras, a mi me parece bien. ¿Con preguntas o sin preguntas?
 Pareces mi psicoanalista. A ver lanza.
 ¿Cómo fue?.
 Por intermedio de una amiga de ambos. Leticia. Leti, ¿la recuerdas?
 No. (menos mal, pensé).
 Bueno, Leti me buscó ese día, me pareció extraño, pero como estaba solo pensé acá la hago, Leti no es fea, tú sabes. Me dijo el sábado quedamos a las diez en la Plaza, para qué le pregunté, qué quieres hacer, tú sabes, para ir preparado, ella me dijo lo sabrás en su momento, no me parece justo le contesté, no me dejes con la intriga mira que aparte estoy solo y tu no sé, si quieres discreción no hay problema, queda entre los dos, no te pases me dijo, tú eres lindo y hay quiénes lo comentan a diestra y siniestra en La Caña, quizá tu y yo otro día, pero soy buena amiga de mis amigas, ah se trata de una amiga tuya, le pregunté, sí me contestó.

Pese a jurarme años a mí mismo que llegado ese momento de tertulia fresca no iba a ponerme down un sentimiento de curiosidad zaina, silenciosa y napoleónica se apoderó de mí.
 -Quién es Leti, Papo.
***
Corría y corría, tan rápida y alocadamente que pensé que iba resbalar con los baches frecuentes de la acera y estropearse la hermosura en cualquiera de las innúmeras puntas afiladas de alguna baldosa. Fui en su ayuda al ver que se detuvo, clamorosa con las manos tratando de ausentar la cara ante el cielo, la alcancé.
 Hola, ya sé que no me incumbe, pero quizá te pueda ayudar.
 Acompáñame un rato, por favor.
 Claro que sí
La acompañé un largo rato, no mucho rato como para distraerme de la agenda nocturna. Había llegado hasta ella sin ninguna causalidad, pero también había suficiente malicia en mí para invitarla de una e imbuirnos en alguna aventura. Pronto ya no hablaba y ya no lloraba desesperadamente, cuando abruptamente frenó el espasmo de su sufrimiento. La cara, el cuerpo, toda ella se hizo un uno estoico e inmutable, y un cierto escalofrío demoníaco me contuvo unos instantes. Cualquier cosa que le haya pasado, pensé, la pobre debe haber sufrido mucho y gozado más.
 ¿Tienes tiempo para andar?, me preguntó con voz serena y aguda.
 Sí, claro. Yo no tengo tiempo para nada, el tiempo me tiene a mí —contesté afectadamente, queriendo impresionarla un poco.
 Pues igual soy yo. Siempre salgo solita.
 ¿No tienes amigos?
 Si tener amistad es igual a que te tengan suficiente confianza para que te cuenten su vida por casi nada a cambio, entonces media La Caña es amiga mía.
 ¿Qué es casi nada?
 Preguntas mucho.
 Perdón.
 No te excuses, yo no lo haré contigo.
 Cambiemos de tema, entonces. ¿Puedo saber por qué llorabas?
 Sí, quizás más adelante.
 Me imaginé que llorabas por…
 Por nada en especial, ¿si?.
 Tienes razón, eso pensé también.
 Bueno, esta bien, dime qué piensas.
 Pensé que estabas aterrada por alguna historia sórdida con que se relacionan los personajes del cine privé.
 Jajajá, qué ilativo eres, Pues desde ahora esa será nuestra versión oficial.
 Jajajá, disculpa, sólo era una ocurrencia, pero en el fondo sabía que estaba equivocado.
 Si no fuera yo, talvez no sería tan descabellado.
 Sí, lo se. Es que pienso que en La Caña no hay un solo muchacho o muchacha que no se agriete el cerebro con esa porquería.
 ¿Te diste cuenta qué solos estamos?.
***
Con la generosa lluvia cayendo sobre nosotros y los vasos que colmaba, había que repetir muchísimas veces el ejercicio de servirse un trago para sentir el efecto deseado. toda La Caña estaba gozando, bebiendo, bailando y haciendo otras cosas más en el único pedazo público de la comarca. El llanto de Dios exacerbaba los apetitos de los lugareños al transportar delicadamente a nuestras almas putas el olor de la tierra de azúcar mojada. Si la lluvia ha detenido el horario de quiénes nos controlan, entonces todos están invitados a danzar, esta es mi fiesta, se le escuchó decir a Thiago. Yo me sentí en su fiesta, ésa era su fiesta, estaba seguro que él era el único que sabía la magnitud del jolgorio, pero mi cabeza estaba en Gema, en sus labios que besaban con furia de océano bravo.
 Charly, dónde has estado, pensé que no venías —me preguntó Thiago, al mismo tiempo que me ofrecía un trago más.
 Estuve celebrando la vida a mi modo, le confié con esa ternura chiflada reluciente de los incautos flechados por cupido.
 ¿Con ella, Charly?
 Sí, con ella —y al responderle miró un punto fijo del suelo como mirando la moneda escabullida de sus bolsillos.
 Mmm…, ¿Y estás enamorado, verdad?.
***
 Ahora no importa Leticia, déjame seguir.
 Sigue.
 Y como se llama tu amiga, le pregunté, ya la vas a conocer, no seas apurado, estoy seguro que te va a gustar saberlo en el momento preciso, ahora mejor que no sepas nada, por qué, volví a preguntarle, porque sí Papo porque sí, no es una broma, verdad, le volví a preguntar, yo no pierdo el tiempo en cojudeces Papo, está bien, sólo dime una cosa Leti, sí, esta bien, pregunta lo que quieras Papito lindo, es para ponerse serio Leti, cómo así querido, digo si es algo firme, o sea serio, formal pues, sacarás tus conclusiones, si no me contestas ni siquiera eso, creo que arriesgo demasiado Leti, te tendré que decir que no y que gracias, ay Papo, está bien, pero jura que no le comentarás lo que pienso de ella, sí lo juro Leti, lo juro, mira Papo no es para que te pongas serio como dices, ve relajado.
 O sea que tu primer amor fue con una puta, jajajá. Le interrumpí socarronamente.
 Eso se puede afirmar con pruebas y detalles, hermano.
 ¿Aún te sientes mal por eso, Papo?
 En breve me sentiré peor.
 Ya veremos, Papo, pero yo creo que si botas todo afuera, estarás mejor para siempre. Ya sabes: para que adentro nazcan cosas nuevas. Vamos sigue.
 Cómo puedes decir que vaya relajado Leti, esto es una cita a ciegas, le dije, pero ya sabes como tienes que actuar pues, Papo, júrame que no dirás lo que pienso, júralo, sí, sí, lo juro Leticia, gracias, eres un amor, lo mismo pienso, no eres tú verdad, no me estás mintiendo, no Papo, si yo quisiera contigo te lo digo ahorita, estaría contigo y ya, sería tu objeto sexual, verdad, exacto, Papo, veo que captas, al fin, de eso se trata.
 Qué vaina, Papo, debe haber sido un trauma eso.
 No te imaginas, Charly.
 Sí me imagino, Papo. Sigue, hermano, sigue.
 Se trata entonces de ser su objeto, no me digas que no te gusta la idea Papo, no te hagas el puritano, toda La Caña sabe que…, que saben, nada Leti, nunca le hice daño a nadie, aún no pues, pero esta es tu primera vez, depende de ti, dime Leti, tú tienes algo contra tu dichosa amiga, nada Papo, cómo crees, tener algo contra ella sería querer para ella lo que no se merece, entiendo Leti, gracias por confiar en mi, no me metas en nada, bueno ya sabes, el sábado a las diez en la Plaza.
***
 Sí, me di cuenta. Y además está algo oscuro.
La Caña es de siete colores en la noche, porque los arco iris de todo el mundo nacen en La Caña. Aún de madrugada, o en el momento de la noche en que el sol se abriga más, el pueblo trasluce a tientas de las estrellas y de la eterna luna llena, cuyo lado oscuro puede divisarse desde allí.
 Ni tanto, no lo suficiente como para no observarte y tener fe en que nada va a pasarme.
El halago me enloqueció, y me hizo sentir, ciertamente, un conquistador de aquellos. Era una locura su belleza, una ebriedad báquica su sonrisa antediluviana, como río serpentino su cuerpo de nieve.
 ¿Conoces el matorral?.
 No mucho.
 Allá voy yo de vez en cuando a escribir, a leer. O a estar con los amigos.
 Entonces vayamos, quiero conocer un poco más de ti. Eres muy lindo.
 Yo soy feo, tengo cara de caballo.
 A mi me parece que eres el chico más lindo que he conocido.
Apuré el paso, casi corrí, como conocía el camino no fue difícil llegar al matorral, quería parecer seguro de mi mismo, total así deben inaugurarse los iniciados, pensaba.
En el matorral se consumó lo inédito que puede ser el mundo, lo despiadado que puede ser dios, pero también lo divino que puede ser el diablo, la amé lesivamente, con natural torpeza y descarnada pasión y la besé como mandó Neruda: haciéndole cruces de fuego en todo el cuerpo.
***
 Enamoradísimo, Thiago. ¡Conocí el amor, cuando empezó el diluvio universal!.
 Mierda —exclamó Thiago—, te felicito Charly.
 Gracias hermano, ofréndame tu fiesta.
 Es la fiesta del mundo, Charly. Tú eres un ángel en medio del mundo. Pero si quieres, la fiesta es tuya, también.ç
 Gracias, sabes que te adoro, hermano. Si no lo has sabido, llévate esa verdad al cielo, al infierno o al purgatorio. O dónde quiera que vayas.
 Lo tendré presente, Charly. Disfruta tu fiesta. Es tu fiesta, Charly. O es la fiesta del mundo o es la fiesta de un ángel.
 Ya no soy un ángel, Thiago.
***
 ¿Entonces fuiste el sábado?.
 Desde luego, tenía que ir, por mí, por Leticia, por la gente que se iba a enterar gracias a Leticia. Tenía que ir, Y fui.
 ¿Cómo fue eso?, cuéntame.
 Llegó el sábado, llegó las diez de la noche, me hice la idea de resignar el cine privé, fue una decisión dolorosa. Fui a la Plaza, estuve diez y cinco allí, no había nadie, pensé que era una broma, y entonces apareció ella y antes de empezar a creerlo, me extendió su mano y obsequió una rosa roja. Por nuestro amor sangrante, me dijo. Me quedé alelado, hermano, como un tonto. Ya has probado lo bueno, me preguntó. Y yo qué es lo bueno, y ella, lo sabrás ahora mismo, vas a recordarme el resto de tu vida, me dijo, qué es lo bueno, le volví a preguntar. De lo bueno, lo mejor soy yo me contestó y me cogió del brazo y entonces la seguí como un perro, peor que eso, como la cola de un perro. Y yo me quedé ciego y con los ojos abiertos y ni siquiera me dí cuenta cuándo es que me empezó a lamer todo, cuándo es que estuve totalmente desnudo, cuándo es que me inscribí oficialmente en la corte del mundo.
 Mierda, Papo. ¿Y cuándo todo pasó, que hiciste? ¿Y ella, qué te dijo?
 Me dijo que estaba perdidamente enamorada de mí y que me amaba.
 ¿Y tú, que le dijiste?
 Le dije que no la amaba y que sabía que era una perra. Que no podía arriesgar la reputación por poca cosa.
 ¿Eso le dijiste?
 Ni más ni menos.
 Y luego, Papo, ¿qué pasó?.
 Empezó a correr hacia la Plaza, llorando como una loca. Y yo me fui a casa, no tenía ganas de salir jamás, justo eran las doce, la hora del cine privé, pero ya me había sido revelado todo lo que hubiera preferido no conocer. No así.
 Entiendo Papo
 ¿Seguro que entiendes?
 Sí. Y mejor que nunca.

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